Dentro del orden y armonía que define la obra de Susana Lescano, en esta serie se acusan dos vertientes: una la de ser hendido, abierto por un elemento punzante y otra la aparición de la forma almendrada que resignifica la semilla.
En madera y metal, a veces policromados, los elementos de esta serie se superponen, se combinan, se armonizan en animados desplazamientos.
La idea de lo hiriente, de la dificultad, se presenta una y otra vez en disimetrías y equilibrios inestables. El fruto, la semilla, aparece como desafiado por un entorno que, con delicadeza extrema, impide, sin embargo su florecimiento.
El fruto, es encarnación, símbolo de la vida, y adviene sobreponiéndose a la adversidad, a la negación y siempre implica un dramático abrirse para...


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